Según CAME el consumo no repunta a pesar del "Día de la Madre"
Las ventas minoristas pyme volvieron a caer. El resultado confirma las dificultades que enfrentamos en el comercio para recuperar su dinamismo y pone de manifiesto la necesidad de mejorar las condiciones económicas de las familias y la rentabilidad de las pequeñas y medianas empresas.
El informe difundido por la Confederación Argentina de la Mediana Empresa – CAME, sobre las ventas minoristas pyme durante el Día de la Madre 2026 confirma una tendencia que venimos observando desde hace tiempo: la actividad comercial continúa mostrando dificultades para recuperarse.
Las ventas registraron una caída interanual del 1,4% a precios constantes, acumulando cinco descensos consecutivos para esta fecha. No estamos, por lo tanto, frente a un resultado aislado, sino ante una señal que merece ser analizada con atención por quienes tienen responsabilidades en la actividad económica, comercial y política de nuestro país.
El Día de la Madre constituye tradicionalmente una oportunidad para movilizar recursos y generar ingresos adicionales para miles de pequeños y medianos comercios. Sin embargo, en esta oportunidad, la celebración no logró convertirse en el impulso que el sector necesitaba.
¿Qué nos están diciendo estos números?
En primer lugar, que las familias continúan administrando sus ingresos con prudencia. Cuando el presupuesto doméstico resulta insuficiente para atender todas las necesidades, el consumidor prioriza los gastos indispensables, compara precios y posterga aquellas compras que considera prescindibles.
El ticket promedio se ubicó en $63.197. Sin embargo, ese importe representa el valor promedio de una operación y no necesariamente una mejora en la capacidad de compra. Para entender la verdadera dimensión del resultado, es necesario considerar la evolución de los precios, los ingresos familiares y la cantidad de operaciones realizadas.
En este escenario, las cuotas, los descuentos y las promociones bancarias se convirtieron en herramientas importantes para concretar ventas. Pero debemos distinguir entre mantener el movimiento comercial y lograr una recuperación efectiva de la actividad.
Cuando vender exige reducir permanentemente los márgenes de ganancia, el comercio puede mantenerse en movimiento sin alcanzar una rentabilidad suficiente para sostenerse y, menos aún, crecer.
Una fecha tradicional que ya no alcanza
Los resultados del relevamiento son elocuentes. El 39,9% de los comercios consideró moderado el impacto de la fecha, mientras que el 31,7% señaló que contribuyó a las ventas, pero sin modificar el panorama general. Otro 19,3% manifestó que no tuvo impacto en su actividad y solamente el 9% la consideró determinante para impulsar las ventas mensuales.
Estos datos reflejan una realidad muy preocupante: una celebración que históricamente representaba una oportunidad comercial importante hoy genera, para muchos negocios, apenas un alivio transitorio.
Además, el 32,5% de los comerciantes informó resultados inferiores a los esperados, frente al 16,2% que logró superar sus previsiones. Si bien algo más de la mitad alcanzó los niveles que había proyectado, el balance muestra que las expectativas favorables no se tradujeron en una mejora generalizada.
En otras palabras, el comercio continúa buscando alternativas para atraer clientes, pero los resultados no alcanzan para modificar significativamente la tendencia negativa.
De los seis sectores relevados, cuatro registraron caídas interanuales y dos mostraron variaciones positivas.
Electrodomésticos, artefactos para el hogar y equipos de audio y video retrocedieron un 3,6%; cosméticos y perfumería, un 3,2%; equipos periféricos, accesorios y celulares, otro 3,2%; y calzado y marroquinería, un 2,2%.
Por su parte, librería creció un 3,4%, mientras que indumentaria presentó una variación positiva del 0,1%.
Estas diferencias no deben interpretarse únicamente como una cuestión de preferencias de los consumidores. También reflejan las distintas posibilidades de adaptación de cada actividad frente a presupuestos familiares limitados.
Cuando se posterga la renovación de un teléfono celular o la compra de un electrodoméstico, la decisión puede responder a la necesidad de priorizar otros gastos. Del mismo modo, optar por un obsequio de menor valor no significa necesariamente que haya desaparecido la voluntad de celebrar, sino que se intenta hacerlo dentro de las posibilidades económicas disponibles.
El crecimiento de librería, por ejemplo, puede vincularse con la posibilidad de encontrar regalos de menor precio. Sin embargo, un resultado positivo en un rubro no permite afirmar, por sí solo, que exista una recuperación general de la actividad.
Por otra parte, los comerciantes señalaron dificultades relacionadas con los costos financieros, la competencia del comercio electrónico, los productos importados y, en algunos casos, las condiciones climáticas adversas. Factores que, con distinta intensidad, incidieron sobre los resultados de los negocios.
La realidad de las PyMEs no termina en la caja registradora
Cuando analizamos estos resultados desde la perspectiva de las pequeñas y medianas empresas, debemos ampliar nuestra mirada.
Un comercio no puede evaluarse solamente por la cantidad de ventas realizadas. También debemos considerar cuánto le cuesta abrir sus puertas, mantener el personal, afrontar alquileres, servicios, impuestos, costos financieros y reposición de mercadería.
La facturación puede mantenerse relativamente estable y, al mismo tiempo, deteriorarse la rentabilidad. Incluso puede aumentar la cantidad de operaciones sin que ello represente una mejora suficiente en los ingresos reales del negocio.
Para el pequeño comerciante, esta situación plantea una disyuntiva cotidiana: vender con menor margen para obtener liquidez o preservar el precio y correr el riesgo de perder la operación.
No es una decisión sencilla. Detrás de cada comercio hay inversiones, trabajo, responsabilidades familiares y, en muchos casos, años de esfuerzo para construir una fuente de ingresos.
Por eso, cuando hablamos de la situación de las PyMEs, no debemos limitarnos a observar los indicadores de ventas. También tenemos que preguntarnos si las empresas están en condiciones de sostener su actividad, invertir, incorporar personal y proyectar su futuro.
Recuperar la actividad requiere medidas estructurales
Frente a este escenario, considero necesario evitar dos errores: suponer que una caída relativamente moderada carece de importancia o pretender que el comercio puede resolver por sí solo las dificultades que afectan al conjunto de la economía.
Para que la actividad se recupere de manera sostenida, las familias necesitan ingresos que les permitan atender sus necesidades y disponer de un margen razonable para otros gastos. Al mismo tiempo, las PyMEs requieren condiciones que favorezcan su rentabilidad, su capacidad de inversión y la generación de empleo.
Esto exige analizar la presión tributaria, los costos operativos, el acceso al crédito, la competencia y las dificultades administrativas que enfrentan quienes producen, comercializan y generan trabajo.
La financiación también debe cumplir una función responsable: facilitar operaciones compatibles con la capacidad de pago de las familias, sin trasladar hacia el futuro problemas económicos que hoy no pueden resolver.
Necesitamos, por lo tanto, una mirada integral que contemple tanto la recuperación del poder adquisitivo como la sostenibilidad de las empresas que abastecen el mercado interno. Es un llamado a la acción que no admite más postergaciones.
No podemos resignarnos a que la caída de las ventas, la pérdida de rentabilidad y las dificultades de las familias para llegar a fin de mes se conviertan en parte de una normalidad que nadie debería aceptar como inevitable.
Es hora de pasar del diagnóstico a la acción. El Estado debe asumir su responsabilidad en la construcción de condiciones económicas que permitan recuperar el poder adquisitivo, aliviar los costos que afectan a las PyMEs y promover la inversión y el empleo formal. Las entidades empresarias, por su parte, debemos transformar estas señales de alerta en propuestas concretas y exigir respuestas, plazos y resultados verificables.
No alcanza con esperar que el consumo se recupere: hay que generar las condiciones para que esa recuperación sea posible. Cada comercio que pierde rentabilidad, cada inversión que se posterga y cada puesto de trabajo que deja de crearse representan oportunidades que nuestra sociedad no puede darse el lujo de desperdiciar.
El desafío es claro y la responsabilidad es compartida, aunque las obligaciones de cada sector sean diferentes. Necesitamos decisiones, no excusas; políticas eficaces, no promesas; y un compromiso real con quienes producen, trabajan, invierten y sostienen la economía cotidiana de nuestro país.
Porque detrás de cada PyME hay trabajo, familias y futuro. Defenderlas no es solamente defender al comerciante: es defender el empleo, la producción nacional y la posibilidad de construir una Argentina con oportunidades para todos.
El Día de la Madre 2026 nos deja una conclusión que va más allá de una variación estadística del 1,4%. Nos muestra que las fechas comerciales tradicionales no alcanzan, por sí solas, para revertir las dificultades que atraviesan las familias y los pequeños negocios.
No se trata de desconocer los esfuerzos de los comerciantes ni de ignorar las limitaciones de los consumidores. Se trata, precisamente, de comprender que ambos forman parte de una misma realidad económica y que sus posibilidades de recuperación están estrechamente relacionadas.
Una familia que dispone de menos recursos restringe sus gastos. Un comercio que vende menos o resigna rentabilidad reduce sus posibilidades de invertir y crecer. Cuando esta situación se prolonga, las consecuencias pueden extenderse al empleo, a la actividad productiva y a la economía de las comunidades.
Por eso, debemos dejar de considerar cada fecha comercial como una oportunidad aislada y comenzar a evaluar qué condiciones necesitamos para recuperar un mercado interno sostenible.
El desafío no consiste solamente en vender más durante el Día de la Madre, sino en construir las condiciones para que las familias puedan comprar, las PyMEs puedan trabajar con rentabilidad y el empleo formal vuelva a ser un camino de crecimiento.
La caída de las ventas y la pérdida de rentabilidad también encierran otro riesgo que no debemos subestimar: que la desesperación por subsistir empuje a algunos comerciantes y trabajadores hacia la informalidad o la ilegalidad. Cuando cumplir con las obligaciones se vuelve cada vez más difícil, aumenta la tentación de buscar atajos que, lejos de resolver el problema, terminan agravándolo.
La ilegalidad no puede ser una alternativa a la crisis, porque perjudica a quienes trabajan dentro de la ley, debilita al Estado y favorece la competencia desleal. La respuesta debe ser, reitero, generar condiciones para que producir, comerciar y trabajar legalmente vuelva a ser posible y conveniente.
Esa es la discusión que debemos dar. Y debemos darla ahora, con propuestas concretas y decisiones efectivas, antes de que la sucesión de resultados modestos o negativos termine convirtiéndose en una realidad que aceptemos como inevitable.













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