El pintor del “Rojo Candioti”: la historia del santafesino que vistió de gala al Puente Colgante

El pintor del “Rojo Candioti”: la historia del santafesino que vistió de gala al Puente Colgante

A más de dos décadas de la histórica reconstrucción del monumento insignia de los santafesinos, Claudio Garnero relata los desafíos, vértigos y anécdotas inolvidables a 20 metros de altura sobre la laguna Setúbal. Con solo 24 años y una paciencia infinita a fuerza de soplete y pincel, fue el encargado de transformar el frío metal en el cálido e icónico terracota que hoy realza al emblema de la ciudad.

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Hay símbolos urbanos cuya majestuosidad no solo reside en la solidez de sus estructuras, sino en las manos apasionadas que moldearon su identidad visual. El icónico Puente Colgante, de 300 metros de extensión y tres mil toneladas de imponente hierro, guarda en cada una de sus uniones una historia viva de devoción y coraje. Entre los años 2000 y principios de 2002, durante el proceso de reconstrucción coordinado por la Municipalidad y la Provincia tras la trágica caída en la inundación de 1983, un joven especialista de origen pilarense aceptó el colosal desafío de vestir a la gigantesca estructura con un nuevo y revolucionario matiz.

 

Claudio Garnero, que en aquel entonces contaba con solo 24 años e iniciaba su camino laboral en una empresa de Buenos Aires, recuerda con viva emoción la epopeya de transformar la añeja torre gris en el distintivo tono rojizo que hoy cautiva la mirada de vecinos y visitantes. Suspendido a más de 20 metros de altura sobre el espejo de agua de la laguna Setúbal, con el desafío constante de los fuertes vientos y con una sola mano firme en el arnés mientras con la otra desplegaba la pintura anticorrosiva, fue cubriendo pacientemente cada rincón del emblema santafesino.

 

El elegido “rojo Candioti”

 

El trabajo demandó dos años de entrega ininterrumpida y un rigor técnico de nivel quirúrgico. El tratamiento de triple capa contempló una primera mano de zincado -preparando parte del material y las barandas en los galpones de la Estación Belgrano-, seguida por un epoxi de alta resistencia y culminando con el acabado en poliuretano con el color definitivo. Lejos de ser una decisión arbitraria, la adopción del particular terracota fue una cuidada elección de la Comisión de Defensa del Patrimonio Histórico y Cultural junto a las áreas de Cultura de Provincia y Municipio, destinada a mimetizar estratégicamente las futuras marcas de óxido producidas por la humedad y las inclemencias del clima.

 

En aquel entonces, las latas enviadas de fábrica lucían en su etiqueta la inscripción artesanal “Rojo Candioti” (porque el puente lleva el nombre Ing. Marcial Candioti) para evitar cualquier equivocación durante las largas e intensas jornadas de trabajo. Garnero rememora con nostalgia las extremas condiciones operativas de una labor que empezó con un pequeño equipo de cinco operarios y culminó casi de manera personal con la ayuda de un asistente, requiriendo infinitas y minuciosas horas de pincel para proteger las zonas de difícil acceso donde la máquina no alcanzaba.

 

Entre el vértigo y las anécdotas

 

Al recordar el vértigo y el rigor del trabajo en las alturas, el hoy contratista especializado rememora con singular simpatía los momentos de tensión superados: “En las partes más altas corre un viento tremendo que te hace temblar la cuerda. A veces la ráfaga te sorprendía de golpe, no tenía mucha experiencia y me daba vértigo. Tenía que parar unos minutos colgado del arnés, respirar hondo, recuperarme y seguir adelante”. Entre esos instantes de tensión, las aguas de la Setúbal guardan celosamente pequeños tesoros cotidianos, como su propio anillo de casamiento, que se desprendió de su mano mientras izaba una soga de trabajo.

 

La monumental obra también dejó entrañables postales de color en la memoria del pintor. Durante los últimos retoques de la restauración, la apacible tarde costanera se vio sacudida por la llegada imprevista de un gran camión con escenario móvil del legendario programa de radio “La Rock & Pop”, conducido por Mario Pergolini, con la actuación en vivo de la banda Los Pericos. Al divisar el movimiento desde la punta misma del puente, no dudó en descender rápidamente para disfrutar de un recital histórico al pie del monumento que estaba terminando de consagrar.

 

Asimismo, entre las anécdotas más sobrecogedoras resalta el susto vivido en una balsa flotante en los tramos finales del proyecto. Mientras retocaba junto a un compañero las vigas inferiores del puente, sintieron un crujido estruendoso que conmovió la estructura. Sin previo aviso, los ingenieros habían iniciado la prueba de resistencia de peso con más de una docena de camiones sobre la calzada, obligando a una rápida evacuación de emergencia asistida por un guardavidas local.

 

Un orgullo que le infla el pecho

 

A sus 49 años, radicado en Laguna Paiva y dedicado a la protección anticorrosiva para la industria petrolera, Claudio repasa con profunda emoción la colosal garantía de un trabajo que resiste intacto durante más de dos décadas, superando holgadamente los diez años de garantía original.

 

Al observar el corte majestuoso del Puente Colgante recortándose contra el horizonte santafesino, manifiesta con orgullo: “En su momento uno es joven y no toma dimensión de las cosas, pero hoy miro el puente y siento un orgullo gigante. Saber que con mis propias manos le di ese color tan querido y que el trabajo se hizo a tanta conciencia que sigue impecable 26 años después, es algo hermoso que me va a acompañar para toda la vida”.

 

Vale recordar que la construcción del primer Puente Colgante estuvo a cargo de Antonio Paitoví, un ingeniero de la provincia. Aquella obra comenzó en 1924 y terminó en 1928, cuando se inauguró. A diferencia del actual, este era semirrígido y tenía tres tramos. Funcionó hasta 1983, cuando se derrumbó por la gran inundación de aquella época. En el 2002, se reconstruyó y volvió a abrirse al tránsito. La nueva versión mide 300 metros de largo y pesa tres mil toneladas. En 2014, fue declarado Monumento Histórico Nacional.