Responsabilidad social del conocimento
Hace algunos años, el entonces Rector de la Universidad Católica de Córdoba, el P. Rafael Velasco, sj., encabezaba una nota publicada por el diario cordobés La Voz del Interior con el siguiente texto: “Se estima que el cuatro por ciento de la población logra acceder a la vida universitaria. Eso quiere decir que el conocimiento, principalmente, se distribuye entre ese porcentaje, mientras que el resto de la población queda fuera”.
Así, con esas palabras da inicio conceptual de la gran desigualdad de oportunidades para nuestra juventud, quienes al no completar su ciclo educativo pierden chances de lograr buenos empleos o iniciar emprendimientos exitosos.
Vivimos una época donde los avances tecnológicos son tan raudos que han superado a cualquier historia de ciencia ficción que pueda imaginarse. Estos procesos innovadores necesitan personas especialmente entrenadas en todo el circuito de su aplicación empresaria.
Desde su diseño, pasando por su industrialización, distribución y hasta para su comercialización es menester contar con profesionales idóneos para explicar sencillamente la complejidad de los atributos del producto.
Es sabido que la educación secundaria es la preparatoria del alumno para su ingreso a la Universidad. Pero, si la carrera elegida es alguna vinculada con las ramas de la ingeniería orientada a la técnica o a la tecnología, ese aspirante no tendrá posibilidades de superar el examen de ingreso.
Promediando su exquisita nota, el Padre Velasco refiere que estamos permanentemente debatiendo la distribución de la riqueza y otros temas materiales. Pero ¿por qué no comenzar a debatir la idea sobre la distribución equitativa del conocimiento? Probablemente, es allí donde encontremos respuestas y soluciones al intrincado laberinto del desarrollo económico. Y compete exclusivamente al Estado comenzar esta discusión. De lo contrario se transforma en un aliado del fracaso social y económico.
Y Velasco opina con muy buen criterio que para que haya justicia social con la redistribución de la riqueza, debe imperiosamente, universalizarse al conocimiento. Está muy claro que la peor de las avaricias es no transmitir lo que se sabe, no formar acabadamente a los niños y jóvenes quienes tendrán que enfrentar en un futuro inmediato situaciones de vida, empleo y profesionalidad hasta hoy poco conocidas. De no resolverse adecuadamente, la masa de excluidos será mucho mayor en los próximos años.
Investigación, generación del conocimiento y su distribución es responsabilidad del Estado. Un Estado que debe orientar al sector empresario y a las futuras fuerzas laborales. No alcanza con decir. Hay que hacer. Y hacerlo ya, en las escuelas, en las universidades. Es imposible imaginar a un país exitoso sin empresas exitosas y para ello, debemos preparar a nuestros trabajadores, a nuestros emprendedores, a nuestros profesionales.
La ciencia y la tecnología nos están llevando a producir cada vez más con menos intervención humana. Estos desarrollos están llegando incluso, al sector comercial. Ya funcionan en el mundo supermercados que son verdaderos autoservicio donde la compra, la facturación y el pago lo hace el cliente sin otra intervención más que la de una serie de sencillos dispositivos digitales.
Por ello resulta imperiosa la visión de un nuevo actor a quien hay que educar: al futuro consumidor, el cliente. En consecuencia, se impone la universalidad de la distribución del conocimiento.
Para concluir, un pensamiento sencillo pero contundente del Padre Velasco: “sin redistribución del conocimiento no habrá ninguna otra redistribución posible”.
ANTONIO FABIAN HRYNIEWICZ













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