Gol agónico y pasaje a la final: Argentina es semifinalista en fútbol y el Coloso vivió una fiesta en celeste y blanco

Gol agónico y pasaje a la final: Argentina es semifinalista en fútbol y el Coloso vivió una fiesta en celeste y blanco

Había que esperar. Había que tener paciencia. Y, sobre todo, había que seguir alentando. El reloj avanzaba y la semifinal entre Argentina y Perú en fútbol masculino parecía no encontrar el camino hacia el gol. En las tribunas del Coloso Marcelo Bielsa, la ansiedad crecía. Miles de voces empujaban a los pibes de la Selección Sub 19, mientras en la cancha el equipo de Diego Placente buscaba ese último toque, esa última jugada capaz de cambiarlo todo. Y llegó.

A los 89 minutos, Santiago Espíndola capturó un rebote en las cercanías del área y sacó un remate que se metió en el arco peruano. Fue el 1-0 y fue mucho más que un gol: fue un grito que atravesó todo el Coloso, que se mezcló entre las banderas, las camisetas, los abrazos y las lágrimas de una tribuna que había esperado durante casi todo el partido por ese instante.

El festejo fue inmediato. En las tribunas y también dentro del campo. El cuerpo técnico lo vivió como un desahogo, mientras los jugadores corrieron a abrazarse después de un partido que había exigido concentración, paciencia y esfuerzo hasta el último minuto.

Y entonces apareció otra de las postales de la tarde. Con la clasificación asegurada, los chicos de la Selección se acercaron a las tribunas para saludar a quienes los habían acompañado. Los jugadores levantaron los brazos, devolvieron aplausos y buscaron con la mirada a los chicos que durante toda la tarde habían alentado desde las populares.

Pero el Coloso no fue solamente rosarino. La fiesta tuvo tonada de toda la región. En las tribunas hubo escuelas y colegios de Rosario, clubes de la ciudad y también familias que llegaron desde localidades cercanas para acompañar a la Selección. Desde pueblos vecinos como Arequito y Arteaga también dijeron presente para vivir una semifinal que terminó convirtiéndose en una experiencia compartida por toda la región.

Los chicos fueron protagonistas de la jornada. Llegaron con sus camisetas, sus banderas y sus voces, ocuparon las tribunas y transformaron al estadio en un enorme escenario de aliento. Para muchos, la posibilidad de ver de cerca a una Selección Argentina y vivir un partido de esta magnitud quedará como uno de esos recuerdos que acompañan para siempre.

Y los futbolistas lo entendieron. Después del pitazo final, los jugadores dejaron la cancha saludando a los chicos que estaban detrás del alambrado. Hubo aplausos, gestos, camisetas y momentos de complicidad entre los protagonistas y quienes habían ido a alentarlos.

Uno de los más emocionados fue el defensor español nacionalizado argentino que lleva la camiseta número 13: Nicolás Marcipar. Con los puños elevados, miró hacia la tribuna, sonrió y festejó como uno más. Después se acercó al alambrado y tuvo un gesto que terminó de resumir el espíritu de la jornada: le regaló su par de medias a uno de los chicos que había alentado aferrado a la reja. Detalles pequeños de una tarde enorme.

Porque el fútbol también se trata de eso. De los goles que se gritan hasta quedarse sin voz, de las camisetas que se guardan como tesoros, de los chicos que miran a los jugadores como referentes y de los futbolistas que, por un rato, vuelven a ser aquellos chicos que alguna vez estuvieron del otro lado del alambrado.

Argentina ganó 1-0, se metió en la final y aseguró una medalla en los Juegos Suramericanos. Pero en Rosario quedó algo más: la imagen de un Coloso lleno de familias, escuelas, clubes y gente de toda la región que hizo suyo al seleccionado.

Ahora viene la final. Será el viernes 25 de septiembre, nuevamente en Rosario. Y el Coloso ya sabe que tendrá otra historia para contar.