Argentina, Venezuela y Ecuador brillaron en la lucha grecorromana de Rosario
La lucha grecorromana tuvo una jornada cargada de emoción en Rosario. Desde las 10 se realizaron combates que fueron subiendo en intensidad hasta las finales, con Arsen Julfalakyan, Raiber Rodríguez y Luis Avendaño entre los campeones, además de Luillys Pérez, mientras Ricardo Nahuel Gómez, Jair Cuero y Carlos Espinoza se quedaron con medallas de plata para Argentina, Colombia y Perú, respectivamente. La jornada también tuvo podios para Brasil y Ecuador y una tribuna que acompañó cada enfrentamiento.
La lucha grecorromana es una de las disciplinas más tradicionales de los Juegos Olímpicos modernos y tiene una particularidad que la diferencia de otras modalidades: los atletas utilizan únicamente la parte superior del cuerpo para derribar, proyectar y controlar a su rival. Los agarres por debajo de la cintura y el uso activo de las piernas para atacar están prohibidos.
Los combates pueden terminar por tocado, cuando un luchador consigue mantener los dos hombros de su rival sobre la lona, por superioridad técnica o por acumulación de puntos mediante proyecciones y acciones de control.
En Rosario, esa combinación de fuerza y técnica se trasladó también a las tribunas, donde cada combate tuvo su propio clima y los representantes argentinos sintieron especialmente el acompañamiento.
Para Ricardo Nahuel Gómez, la plata en hasta 97 kilos tuvo un valor difícil de explicar. Con 21 años, consiguió su primer gran resultado en la categoría adulta y lo hizo en su propia provincia, acompañado por su familia.
“Es hermoso. Es mi primer resultado en adultos y que sea acá, en casa, para mí es muy especial”, contó. Entre todos los momentos de la jornada, hubo uno que quedó especialmente grabado: cuando terminó el combate, buscó a su mamá en la tribuna.
“Me doy vuelta y la veo en el centro porque para mí mamá fue el centro de ese momento. No tengo palabras y estoy completamente agradecido por todo lo que estoy viviendo”, relató.
La emoción también estuvo en las tribunas. “Cuando se nota que hay un combate complicado, cuando más cuesta, más se siente el apoyo de la gente. Es una energía más”, explicó Gómez.
Historias que también subieron al podio
La historia de Gómez con la lucha comenzó casi por casualidad. En La Matanza, un profesor empezó a dar clases gratuitas en un polideportivo cercano a su casa y fueron los chicos del barrio quienes lo animaron a probar. “Un día fui, me gustó y dale para adelante nomás”, recordó.
Del otro lado del gimnasio, otra historia argentina terminó con una medalla de oro. Arsen Julfalakyan, nacido en Armenia y representante de Argentina, se consagró campeón en hasta 67 kilos y explicó que llevaba al menos un año preparándose específicamente para estos Juegos.
Había, además, una motivación histórica: según contó, Argentina llevaba 16 años sin conseguir una medalla de oro en lucha grecorromana en los Juegos Suramericanos.
“Eso me dio una motivación enorme para ganar la medalla, tanto para mí como para Argentina. Fue increíble”, señaló.
Julfalakyan lleva alrededor de 25 años practicando este deporte y creció dentro de una familia de campeones olímpicos. Su padre fue campeón olímpico y ambos forman parte de una particular historia: padre e hijo con medallas olímpicas y títulos mundiales.
La jornada también tuvo protagonistas de otros países. El venezolano Raiber Rodríguez se quedó con el oro en hasta 60 kilos, mientras que el colombiano Dicther Toro consiguió la plata y el brasileño Pedro De Souza, el bronce.
En los 87 kilos, el oro fue para el venezolano Luis Avendaño, la plata para el peruano Carlos Espinoza y los bronces quedaron para Andre Ramos, de Brasil, y Pablo Djamkotchian, de Argentina.
Entre los protagonistas extranjeros estuvo también el ecuatoriano Andrés Montaño, quien destacó el significado de representar a su país. “Siempre he sentido la garra que tenemos los ecuatorianos en representar nuestro país y obtener una presea”, contó.
Montaño también valoró la experiencia en Rosario y la organización de los Juegos. “La organización muy bien. Lo malo, el frío, pero estamos ahí”, bromeó.
Y cuando le preguntaron qué le diría a alguien que nunca vio una competencia de lucha grecorromana, eligió una invitación directa: “Es un deporte muy bonito, muy dinámico. Sabemos que es un poco brusco, pero es un deporte también antiguo. Los invito a que participen y aprendan de este lindo deporte”.
Para Gómez, Rosario también tuvo un significado especial más allá del podio. Ya había estado en la ciudad durante los JADAR y pudo comprobar cuánto había cambiado la sede.
“Hoy ver todo el progreso que hubo en las instalaciones y en todo en general, y la realización que también estuvo muy bien. Muy, muy bien”, destacó.
Julfalakyan, por su parte, contó que no tuvo demasiado tiempo para recorrer Rosario porque la competencia ocupó buena parte de sus días, aunque sí se llevó una muy buena impresión de Argentina.
Entre combates, abrazos, banderas y festejos, la grecorromana dejó así una jornada que combinó la tradición de una disciplina olímpica con historias personales que le dieron otro sentido a las medallas. Para algunos fue el primer gran resultado; para otros, la confirmación de una trayectoria. Y para todos, una competencia acompañada de cerca por el público rosarino.
Resultados
Hasta 60 kg: oro para Raiber Rodríguez (Venezuela), plata para Dicther Toro (Colombia) y bronce para Pedro De Souza (Brasil).
Hasta 67 kg: oro para Arsen Julfalakyan (Argentina), plata para Jair Cuero (Colombia) y bronce para Joilson De Brito (Brasil).
Hasta 87 kg: oro para Luis Avendaño (Venezuela), plata para Carlos Espinoza (Perú) y bronces para Andre Ramos (Brasil) y Pablo Djamkotchian (Argentina).
Hasta 97 kg: oro para Luillys Pérez (Venezuela) y plata para Ricardo Nahuel Gómez (Argentina).











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