Belgrano y Gregoria
Durante mucho, demasiado tiempo, las páginas de la historia oficial mantuvieron en las sombras a aquellas heroínas que entregaron todo por la causa de la patria, relegando el valor de figuras fundamentales. Sin embargo, próceres como Manuel Belgrano entendieron la necesidad de impulsar la emancipación de la mujer, una convicción que facilitó un entendimiento inmediato con patriotas extraordinarias como Gregoria Pérez. Destacamos, como lo hace con denuedo documental la historiadora Alicia Doval, en su trabajo Belgrano y la mujer, que nuestro prócer, desde muy joven, bregó por la emancipación femenina, con un tesón y lucidez encomiables.
Gregoria Pérez nació en Santa Fe y fue bautizada el 14 de junio de 1764, siendo hija de Ignacio Bernardo Pérez -natural de Galicia- y de María Ángela Larramendi. A los 21 años de edad, contrajo matrimonio con Juan Ventura Denis, propietario de una estancia a orillas del río Feliciano en Entre Ríos, la cual albergaba hacienda, una fábrica para curtir cueros para suela, un oratorio y diversos puestos.
El momento más recordado en la vida de nuestra biografiada aconteció tras la Revolución de Mayo de 1810. Cuando el general Manuel Belgrano arribó con sus tropas a la ciudad de Santa Fe en marcha forzada en su expedición hacia el Paraguay y se alojó en el Convento de Santo Domingo. Expresa Alejandro Damianovich en su Breve historia de Santa Fe: “El 1 de octubre está Belgrano en Santa Fe. Aquí se le provee de lo necesario, especialmente los recursos ofrecidos por Francisco Antonio Candioti y Gregoria Pérez de Denis. Además la ciudad aporta su dotación de blandengues con la que se defendía sus fronteras, aumentando así el ejército con cien hombres de alguna veteranía. Entre ellos iba el joven Estanislao López”.
Al comprender las penurias que aguardaban al ejército emancipador al atravesar tierras indómitas, la heroína no dudó en poner a disposición del General sus animales, su casa y su gente para sostener la expedición. Ante esta demostración de generosidad, Belgrano le respondió mediante una emotiva carta, manifestándole que la Junta de Gobierno la situaría en el catálogo de los beneméritos de la patria como ejemplo para quienes contemplaban la causa libertadora con frialdad y calculada distancia.
Bartolomé Mitre, en su clásica Historia de Belgrano y de la independencia argentina, nos comenta que desde Santa Fe, el 10 de octubre de 1810 envió por medio de su hijo mayor Valentín al general Belgrano, este texto: “Excelentísimo Señor: La viuda de Don Juan Ventura Denis logra el honor de saludar a V.E. ya que no lo hizo cuando V.E. se hallaba en esta ciudad, por la cortedad de su genio y por no poderse introducir en claustro de regulares para poner a la orden y disposición de V.E. sus haciendas, casas y criados desde el río Feliciano hasta el Puesto de las Estacas, en cuyo trecho es V.E. el Dueño de mis cortos bienes para que con ellos pueda auxiliar al Ejército de su mando, sin interés alguno. Esto mismo tengo prevenido a mi hijo Valentín, quien desearé sepa complacer a V.E. quien tendrá la bondad de dispensar cualesquiera falta que provenga de mi ausencia o de la corta edad de dicho mi hijo”.
Belgrano le contestó de su puño y letra: “Vd. ha conmovido todos los sentimientos de ternura y gratitud de mi corazón, al manifestarme los suyos tan llenos del más generoso patriotismo. La junta colocará a usted en el catálogo de los beneméritos de la patria, para ejemplo de los poderosos que la miran con frialdad. Reciba Vd. en su nombre las gracias que le doy, admita igualmente las que le doy en nombre de mi ejercito y por mí; y que la par de nuestro sabio y justo gobierno jamás sabremos olvidar un expresión tan sincera a beneficio de la sagrada causa que defendemos”.
En el capítulo Gregoria Pérez, la Patricia, de su notable Hombres y hechos de Santa Fe, nos comenta José Carmelo Busaniche, sobre la carta de Belgrano: “Doña Gregoria guardaría satisfecha la honrosa nota en el viejo arcón de la familia, entre los papeles de don Juan Ventura, y volvería a ayudar a su hija Joaquina en los pequeños quehaceres de la casa o a vigilar, en la huerta espaciosa, el bullicioso trajinar de los esclavos. Estaba lejos de comprender, en su humildad, que su magnifico ofrecimiento le había consagrado, como la primera, en el tiempo, de las grandes patricias argentinas”.
Esta vida ejemplar, está retratada con denuedo argumentativo en la novela de Elina Cabrera Anderson, Gregoria en el fuego de la patria, donde con una narración vivaz y llena de observaciones sobre la conducta humana, se analiza amorosamente a esta figura en el contexto caliginoso posterior al 25 de mayo de 1810. El texto, que labora sobre documentos y cartas, nos muestra a una mujer independiente, de profundo aprecio por su terruño natal. Su educación con los Dominicos, sus relaciones con la élite santafesina, en particular con Francisco Candioti y los actores dominantes de la época, están relatados con una prosa fluida que hace leer el libro con marcado interés. Además, cuenta con el aliciente para el lector de ser la primera novela que tiene a nuestra heroína del Litoral como personaje central.
Falleció Gregoria Pérez, el 10 de diciembre de 1823 en la ciudad de Santa Fe, y sus restos descansan en el mismo Convento de Santo Domingo donde alguna vez veló el sueño de las tropas libertadoras. La memoria de la primera de las grandes patriotas litoraleñas vive en una localidad del departamento 9 de julio, en calles, escuelas y en la estatua encargada por un grupo de mujeres entrerrianas al escultor Torcuato Tasso, emplazada en la ciudad de Paraná.

Por Gustavo Battistoni
(Politólogo y escritor firmatense)











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