El Desafío de Transformar el Corazón del Motor Productivo Argentino en una Fuerza de Proyección Global

El Desafío de Transformar el Corazón del Motor Productivo Argentino en una Fuerza de Proyección Global

El Día Internacional de las Micro, Pequeñas y Medianas Empresas, celebrado cada 27 de junio, constituye un verdadero triunfo de la diplomacia económica argentina. No es una fecha más, su instauración transformó la agenda internacional al situar a estas unidades como ejes principales para el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

Este hito institucional se gestó en 2016 durante la 61ª Conferencia del Consejo Internacional de la Pequeña Empresa  en la sede de la ONU en Nueva York, donde la iniciativa liderada por la Misión Permanente de Argentina ante las Naciones Unidas permitió que la Asamblea General proclamara formalmente esta fecha el 6 de abril de 2017.

Al ponderar a las PyMEs como el motor indispensable para la reducción de la pobreza y la estabilidad democrática a través del empleo, y habiéndose realizado la primera celebración mundial en Buenos Aires en 2017, el país consolidó su rol como referente en la promoción de la cultura emprendedora.

Esta posición otorga a la Argentina autoridad para liderar debates sobre marcos normativos, evidenciando una realidad inobjetable: la salud macroeconómica nacional está atada, de forma umbilical, a la vitalidad de su tejido PyME.

Con una visión estratégica, las MiPyMEs deben ser entendidas como el corazón del modelo productivo argentino gracias a su enorme capilaridad social y territorial. En un escenario donde el Estado ha alcanzado sus límites de expansión y las grandes corporaciones optimizan procesos mediante la automatización, las PyMEs actúan como el principal amortiguador social y motor de progreso del mercado interno.

Los indicadores actuales reflejan su peso, ya que constituyen el 99% del universo empresarial registrado con aproximadamente 856.300 empresas en todo el país. Asimismo, representan el 70% del empleo formal privado, sustentando a 4,1 millones de trabajadores, lo que subraya la necesidad de políticas diferenciadas para el segmento micro-empleador.

En cuanto a su estructura sectorial, el 30% se concentra en el Comercio, el 10% en la Industria Manufacturera, y el resto se distribuye entre el Agro, los Servicios y la Construcción.

Mientras las grandes empresas, que apenas representan el 0,6% del total, generan valor por escala, las MiPyMEs generan valor por inserción directa en la fuerza laboral, siendo el empleo de calidad la única herramienta sostenible para la reducción de la pobreza.

Para proteger estas cifras y garantizar la competitividad, resulta no negociable contar con estabilidad fiscal, reducción de la burocracia y un marco legal que trascienda los ciclos políticos, vale decir, las PyMEs como política de Estado.

El sector opera bajo condiciones de extrema fragilidad debido a desafíos profundos. La denominada "industria del juicio", vinculada a la alta litigiosidad laboral y el costo de las ART, resulta asfixiante; es crítico que el gobierno federal priorice la armonización de marcos provinciales y no dejar un limbo de inseguridad jurídica que frena la contratación.

A esto se suma un financiamiento restrictivo por tasas bancarias tradicionales prohibitivas, lo que obliga a muchas empresas a recurrir a Sociedades de Garantía Recíproca (SGR) o capital privado.

Asimismo, la informalidad laboral afecta a 4,5 millones de trabajadores en el país, encontrándose el 70% de ellos dentro del ecosistema PyME, por lo que su regularización es un imperativo para la sustentabilidad previsional.

Por último, la presión impositiva de las provincias y los municipios, expresada en Ingresos Brutos y tasas municipales, actúa como una aduana interna que afecta la rentabilidad y contrarresta los beneficios de las leyes nacionales.

La brecha exportadora es preocupante: mientras en Europa las PyMEs explican el 30% de las exportaciones, en Argentina solo representan el 5%, una barrera que exige superar desafíos operativos. En este escenario global, la sustentabilidad emerge como el nuevo estándar de competitividad a través de las Empresas De Triple Impacto, compañías con fines de lucro que equilibran el propósito social y ambiental con la rentabilidad económica.

El futuro de la economía argentina depende de la profesionalización de su base empresarial para revertir la alarmante tasa de fracaso del 80% originada por gestiones deficientes. La sinergia entre el sector público y el sistema financiero privado es fundamental para trazar una hoja de ruta exitosa enfocada en la capacitación y el networking.

Solo mediante el blindaje de la seguridad jurídica provincial, el acceso genuino al crédito productivo y el fomento de modelos sustentables, Argentina logrará transformar su valioso talento emprendedor en una fuerza exportadora de clase mundial.

ANTONIO FABIAN HRYNIEWICZ